Uzbekistán - Michaval

Vaya al Contenido

Menu Principal:

Uzbekistán

Mis viajes

Khiva

Desde Moscú, el día 19 de agosto de 1992, volamos en avión a Urghench y desde su aeropuerto fuimos en autobús hasta Khiva. Khiva es una ciudad que en aquel entonces aún estaba por descubrir por el turismo internacional y sobretodo occidental y español. De hecho, nos encontramos con muy pocos turistas y las gentes del lugar, nos miraban más curiosamente que nosotros a ellos. Es una preciosa ciudad, exótica y bastante bien conservada, parada en el tiempo. Podías imaginar sin ningún cambio de escenario a alguna escena de Las mil y una noches. Llena de medersas o madrassas, minaretes, mezquitas, casas de adobe de la época del Gran Khan, palacios... Las gentes son amables y se dejan fotografiar con permisividad y hasta con agrado. Visten ropas de muchos colores y los hombres llevan una especie de gorro llamado  tubeteika. Nos alojamos en la madrassa Muhammad Amin-khan dedicada a Hotel.
Nuestra anécdota principal que nos demostró, una vez más, que las gentes de todos los pueblos son buenas, fue durante el paseo de la primera noche. Hacía mucho calor y las gentes pasaban el rato a la puerta de las casas. Los mayores charlaban y los niños jugaban. Hicimos muchas fotos que las familias nos pedían, sobretodo para los niños. Al llegar a una casa, unas mujeres bailaban a la puerta. Les observábamos y ellas invitaron a nuestras compañeras a bailar también. Pronto salieron los hombres y nos invitaron a compartir la cena con ellos. Los hombres en una sala y las mujeres en otra. Cenamos un arroz con carne y tomate. Ellos comían con la mano y a nosotros nos dieron una cuchara que rechazamos para imitarles. Después, el dueño, que era camionero, nos enseñó orgulloso la habitación que había hecho construir para su madre y que todo el techo era de escayola en relieve como la decoración de las salas de La Alhambra. Toda una obra de arte. Toda una lección buena convivencia entre gentes de distinta raza, lengua, religión y cultura, pero personas al fin y al cabo que no se sienten extraños e ignoran cualquier frontera.
Nos fuimos de Khiva con un buen sabor de boca.

Bukhara

Salimos de Khiva el día 21 camino de Bukhara, cruzando 400 Kms de desierto, en un minibus de once plazas con los neumáticos desgastados y que me dieron muy mala espina. Así fue, a la mitad del trayecto, se pincha una rueda y la cambia por otra que resistió hasta llegar justo enfrente de un taller-gasolinera, donde volvió a pinchar. Mientras la arreglaban esperamos en un restaurante donde no había comida porque agotaron las existencias otro grupo anterior. Tuvimos que esperar un par de horas a que nos descongelaran unos filetes de vaca de los que nos hicieron unos pinchos morunos con ensalada de tomate y que nos supieron muy buenos.
El Hotel de Buxoro tiene aire acondicionado. Cenamos con vodka y caviar con chuchara y luego baile en la terraza con más vodka.
Buxoro es más ciudad que Khiva y algo más moderna, pero vemos interesantes medersas, mercados y minaretes. Por la tarde vamos a un lago cercano a bañarnos y vuelta al Hotel a cenar. La comida no es buena y, algunos que compramos latas de caviar, repetimos el menú de la noche anterior, vodka y ricas huevas de esturión.
En Buxoro visitamos entre otras cosas, un museo de trajes. El museo era la casa de un rico que estaba en restauración, tenía frescos pintados en las paredes de flores y adornada con vasijas y otras bellas piezas. Nos dieron un té bastante rico acompañado de pasteles, frutos secos y frutas que nos agradaron mucho.

Samarkanda

 
Copyright 2015. All rights reserved.
Regreso al contenido | Regreso al menu principal